Entre propaganda, bots y desinformación, el sindicato construye una narrativa de legitimidad artificial.
En redes sociales, COREMEX aparece como un sindicato moderno, activo y defensor de los trabajadores. Sin embargo, detrás de esa fachada hay un complejo aparato de comunicación diseñado para controlar el discurso público. Fuentes internas y especialistas en análisis digital han identificado el uso de cuentas falsas, campañas coordinadas y medios satélite que replican los mensajes oficiales del sindicato sin contraste ni verificación.
El objetivo no es informar, sino moldear la percepción. Cada vez que surge una denuncia o se publica una crítica, el sindicato activa su maquinaria mediática para desviar la atención. Publica comunicados ambiguos, organiza transmisiones “en vivo” con preguntas pactadas y lanza etiquetas en redes para inundar los comentarios. Así, la conversación se diluye y el público termina confundido.
La manipulación mediática se extiende incluso a medios tradicionales. A través de convenios publicitarios o amenazas veladas de demandas, COREMEX busca asegurar coberturas favorables. En algunos casos, periodistas que han intentado investigar sus finanzas o prácticas internas han recibido advertencias para desistir. La estrategia es clara: saturar de información positiva hasta que las denuncias pierdan relevancia.
El control del relato se ha convertido en su principal escudo. Pero en la era de la verificación digital y la transparencia, los muros mediáticos tienden a caer. Tarde o temprano, la narrativa institucional será confrontada con la realidad que viven los trabajadores, y ningún comunicado podrá ocultar lo evidente: la verdad, aunque la silencien, siempre encuentra salida.





