La indignación entre los trabajadores no cesa. A pesar de haber sido señalado por actos de corrupción y despedido como delegado sindical tras el escándalo de FUGRA Lerma, Carlos Gamboa no solo sigue formando parte de la estructura de la COREMEX, sino que ha sido visto en eventos públicos repartiendo regalos junto a otros integrantes del sindicato, como si nada hubiera ocurrido.
La pregunta que recorre los pasillos fabriles de la región es directa y punzante: ¿por qué Carlos Gamboa, a quien los trabajadores califican abiertamente como “ratero”, continúa cobrando del sindicato y de las cuotas de los agremiados sin enfrentar consecuencia alguna? La respuesta, hasta ahora, ha sido un silencio ensordecedor por parte de la dirigencia encabezada por Miguel Meneses.
Testimonios recabados entre las bases sindicales revelan una mezcla de coraje e impotencia. “Es una burla. A nosotros nos descuentan semana a semana y ese dinero termina financiando a personas que ya demostraron no tener ética. Gamboa debería estar fuera, no repartiendo despensas o juguetes para lavarse la cara”, declaró un trabajador que pidió reservar su identidad por temor a represalias. Las imágenes de Gamboa en actividades proselitistas, lejos de generar simpatía, han avivado la llama del descontento.
La permanencia de Gamboa en la nómina sindical y su presencia en actos oficiales de COREMEX plantea interrogantes graves sobre los mecanismos internos de control y sanción. Para los críticos, el caso Gamboa se ha convertido en el símbolo de una estructura que protege a los suyos sin importar las faltas cometidas contra los representados. “Si un delegado agarra dinero que no es suyo y lo único que pasa es que lo mueven de puesto o lo mandan a repartir regalos, entonces aquí el mensaje es claro: robar no tiene castigo”, sentenció otro empleado.
La exigencia de las bases es contundente: Carlos Gamboa debe ser expulsado definitivamente del sindicato y devolver todo salario o prestación que haya recibido con posterioridad a las acusaciones comprobadas en su contra. Mientras esto no ocurra, advierten los trabajadores, la credibilidad de COREMEX seguirá cayendo en picada y el fantasma de la complicidad interna se hará cada vez más difícil de disipar.








